viernes, 28 de enero de 2011

     Iba a escribir algo, pero recordé un texto de alguien a quien quiero mucho y pensé, acordándome de Montaigne: "para que decir con otras palabras lo mismo que ya escribió alguien perfectamente". Os dejo un texto que debería ser el mantra de todas nosotras:


* IDEARIO PARA LA EXISTENCIA *


     Soy una persona libre, sólo porque tengo derecho a equivocarme, si no pudiera cometer errores me sentiría atada por el miedo a hacerlo mal.
No me arrepiento de lo que he hecho en
el pasado, porque cuando miro atrás, me reconozco en las acciones y soy consciente de que he llegado hasta aquí, a pesar de los obstáculos gracias a la voluntad que me ha acompañado.
He querido mucho y me han querido y continúo haciéndolo como un mandato supremo, porque este sentimiento es el que me alienta para seguir adelante.
También he olvidado y me han abandonado a veces, pero el dolor que me infringieron me hizo crecer y conocerme mejor, porque mi derrota de hoy es el entrenamiento para la victoria del mañana.
Sé que todo es mejorable y que en mi existen cosas que me gustaría cambiar, pero no me tortura esta circunstancia, porque comprendo que todo lleva su tiempo, y darme cuenta de mis facetas menos positivas ya es un gran paso para la mejora.
Intento compartir mi tiempo con los demás y relacionarme, para entregarle a otros lo dulce que llevo dentro, pero también le dedico parte de la jornada a la soledad, porque defiendo firmemente que quien no se escucha a sí mismo nunca podrá conversar con otros.
Levanto metas basadas en mis sueños e intento llegar a conseguirlas, pero sin torturarme con la prisa, porque la experiencia me dice que muchas veces el camino recorrido, es más bello y gratificante que el propio premio alcanzado.
Dejo que las circunstancias me embriaguen cuando son propicias y analizo con la mayor objetividad posible lo malo que acontece a mi alrededor, porque en ocasiones la tristeza sólo sirve para empeorar las cosas. Pero si alguna vez siento ganas de llorar no me culpabilizo por hacerlo, ni me recreo; dejo que fluya la pena y comienzo a reconstruirme con ánimo en el momento en que puedo.
Expreso mis sentimientos de la forma más clara que se me ocurre. Río a carcajadas si estoy contenta pero también sé gritar de rabia o decir NO cuando es lo que necesito.
No quiero ser perfecta porque se me antoja que es aburrido e irreal y la vida merece ser cierta. Considero poco original y falto de matices actuar siempre dentro de un tono “prudente” ya que arriesgarse a
conseguir lo que queremos es gratificante porque siempre es nuevo.
Básicamente, con todos esos buenos y malos momentos que han transcurrido, con esas cosas estupendas y menos agradables que me conforman, soy en mi totalidad una persona única e irrepetible que merece la pena conocer y conocerse en su infinitud, porque como todos, pertenezco a un entramado vital maravilloso, en el que las criaturas sin excepción son auténticas y, en cierto modo, mágicas...

Texto de Aurora Rustarazo Garrot

martes, 30 de noviembre de 2010

Relato de un obsesión
Llega tarde, como siempre. Faltan solo cuarenta y cinco minutos para que su avión despegue y todavía debe pasar la seguridad y alcanzar la puerta de embarque. La línea no avanza. De vez en cuando, da golpecitos con la punta de su pie derecho en el suelo o alza la cabeza por encima de la gente. Intenta presionar con sendos gestos  –sin ningún efecto– al policía  que mira a todos como amigos íntimos de Bin Laden.  
Por fin, consigue atravesar la máquina de seguridad, que pita tres veces antes de dejarle vía libre. Va cargada: de un hombro le cuelga la bolsa con el ordenador; del otro, el  bolso con libros y, como siempre,  lleva mil papeles entre los brazos, que se le van cayendo, y la obligan a  detenerse  cada diez metros; no quiere dejarse trozos de su personaje desperdigados por el suelo, aunque sabe que tendrá que apresurarse.  
           En su carrera por llegar a tiempo al despegue del avión, es ajena a todo, solo se preocupa de sus folios —el nuevo héroe de su novela está dentro de ellos— y  de los carteles que le señalan  el camino de su objetivo: puerta G3. Su aspecto despistado y sus gafas caídas en mitad de la nariz no pasan desapercibidas, a pesar del hormiguero de gente que es el aeropuerto. Se siente observada y eso la pone más nerviosa  todavía, quisiera estar en casa terminando de perfilar su nuevo personaje. 
Entre los carteles que la guían se cruza uno diferente que la distrae de sus pensamientos: Starbucks. «El mejor café del mundo se hace ahi», piensa.  Y cae en la cuenta de que no ha desayunado. Analiza la situación. No hay nadie esperando, si la camarera es rápida, en cinco minutos puede tener su café entre las manos. Mira el reloj, le quedan veinte minutos antes de que el avión despegue. Es imposible resistirse:
Un Caramel Macchiato con nata y caramelo, por favor, se escucha decir.
 Y en cuanto tiene el vaso de café en la mano, comienza la carrera de nuevo. 
En su huida, no ve a un joven que esta en mitad del camino y que espera su bebida. Lo atropella. Adiós a su ansiado café. Una enorme mancha de líquido marrón se desparrama por el suelo. Por suerte, no se le caen los papeles, tampoco mancha  al desconocido.
—Lo siento, lo siento muchísimo, llego tarde a coger mi vuelo y no le vi.
—No importa, no se preocupe, —le responde el chico. 
La disculpa no se alarga más, le apremia el miedo a perder el avión. Pero los ojos del chico se quedan enganchados en su pensamiento. «Bonito par de azules, sí, señor»,  piensa. «Pero… ¿no los he visto antes?» le asalta la duda.  
No tiene tiempo para pensar, continúa por los pasillos del aeropuerto con el paso rápido y la vista pendiente de cualquier indicio que la lleve a su destino. Ve a lo lejos el cartel que indica que hay un aseo cerca y, como el perro de  Pavlov que babea ante el sonido de una campana, ella necesita urgentemente hacer una paradita en el baño ante el anuncio que le hacen las luces de neón. Coloca como puede las dos bolsas en una pequeña percha que hay detrás de la puerta. Cuando no se cae una, se descuelga la otra, los papeles entre los dientes, no quiere perderlos por nada del mundo: «Cómo se me ha ocurrido entrar, se manchará algún folio… Esto es una misión imposible», se  arrepiente en silencio. 
            Cuando, por fin,  consigue llevar a cabo la tarea que la ha llevado hasta allí, sale casi volando del baño para seguir su ruta. Con las prisas, no ve al hombre que se cruza en su camino, y bolsas y papeles, al suelo de nuevo.
—Lo siento, lo siento mucho...
Al levantar la cabeza, se encuentra al mismo chico con el que chocó en la cafetería. Cruzan las miradas, él, además, le sonríe y la ayuda a recomponerse. Ella no puede evitar fijarse en sus labios. De repente, una ola de inexplicable deseo la invade. Apenas  le da las gracias y sale en estampida, pero, esta vez, no sabe si apremiada por la prisa o por el rubor que pinta sus mejillas. Sabe que lo ha visto anteriormente en algún lugar, «pero, ¿dónde?   —se pregunta— si parece de otro mundo».
Comienza a correr, de nuevo, con la duda que le ronda la mente. Cuando lleva unos metros alejada del chico, escucha gritos que le dicen: «Con un poco de suerte, vamos en el mismo vuelo y mi asiento está junto al tuyo».
Ella gira la cabeza y le sonríe, sin decir nada. «Si tuviera fe en el destino, creería que es posible», se dice. Continúa su camino, no sin antes comprobar que lleva todos los papeles.                            
Por fin, llega a la puerta G3. Están embarcando. Entra en el avión. Por suerte, el asiento que tiene junto al suyo está vacío puede, con total tranquilidad, dejar bolsos y folios. «¿Se me habrá perdido alguno?», le invade  la duda. Se sienta, se abrocha el cinturón, echa la cabeza hacia atrás y respira hondo. Lo conseguí, llegué a tiempo.  
—¡Vaya!, creo que nos unen los astros,  —escucha decir al hombre, que parece perseguirla desde que entró en el aeropuerto. 
Y de nuevo, esos ojos y esos labios que la seducen. Se siente torpe, toda su sangre está  concentrada en la cara, busca en su mente las palabras adecuadas y no acierta a encontrarlas. Por fin,  la lucidez, la suya, hace acto de presencia.
—Seré estúpida, soy escritora, tú eres mi personaje, no me puedo enamorar de ti.
Coge al señor apuesto por la solapa, lo besa lentamente y, antes de  meterlo dentro de los  papeles que dejó en el asiento contiguo, le susurra al oído para que el resto de pasajeros no la crean loca: «Si vuelves a salir de ahí, te borro del mapa».

domingo, 24 de octubre de 2010


¿Son las emociones el lenguaje del alma?
Despues de levantarme y sentada frente a la pantalla del ordenador con el café de turno como compañero, sentí que había llegado el momento de cambiar mi imagen del facebook.  “¿Qué fotografía  me apetecía mostrar?: una flor, un paisaje paradisiaco, una imagen enternecedora de mis hijos, tal vez una mía… “Nada me convencía. Sin embargo, si estaba segura de que el día se  presentaba pesado y aburrido y deseaba encontrar una nota de color. Dicho y hecho. Cerré los ojos y  conté hasta diez, “uno, dos, tres….. “  Me deje llevar. Comenzaba a sentir  como   flotaba y me mecía en un ondulante vaivén. Con cada movimiento,  moléculas volátiles y trasparentes    se desprendían de mi cuerpo y se difuminaban produciendo maravillosos sonidos, estaba convirtiéndome en notas de música que ocupaban  el silencio y terminaban  explosionando  en  fuentes de colores: rojos, azules, amarillo, verdes, rosas…  ir de esa ensoñación  a un cuadro de Kandinsky (como ya sabréis)  es lo más natural del mundo.  ;)
Ya que mi mente me había llevado hasta él, decidí leer sobre su vida y me encantó lo que encontré. Kandinsky, uno de los grandes del arte abstracto, abandonó su carrera de derecho para perseguir  aquello que le impresionó, la pintura. Gran melómano, buscaba el alma de la belleza a través de las artes. En su obra quería expresar las sensaciones de la música.  Estaba seguro de que cada tono poseía características emocionales y le interesaba  la respuesta del espíritu  a cada uno de ellos. Tambien estaba convencido de que existía una verdad común subyacente a todas las religiones y de que detrás de aquello que percibimos del mundo material hay algo más.
Estuve pensando un rato. Es curioso como a lo largo de la historia del hombre y a pesar de los pasos gigantes que ha dado intelectualmente, siempre nos  encontramos con una constante, con un denominador común que nos vincula a cada miembro de nuestra especie desde el principio de los tiempos y no se ha modificado un ápice.  Un lenguaje innato y universal que todos entendemos, que  nos hace vibrar,  que es responsable de que seamos  felices o desdichados,  nos motiva y nos guía: la emoción,  aquello que en esencia somos y que cada vez más, olvidamos en alas de la razón.
Ozu!! Hasta donde he llegado a desvariar.. :)))), y todo por sentir la inquietud de darle algo de emoción a mi día, por  dejarla brotar. Lo más curioso es que en ese dejarme ir sin pensar, encontré la respuesta: ¡Un cuadro de Kandinsky quedaría perfecto en mi perfil!

martes, 19 de octubre de 2010

Hoy comienza una nueva aventura para mi.
Me despertó el estridente sonido de la alarma del despertador y nada mas abrir los ojos ya tenia prisa como siempre ultimamente. Me tomé un café cargado y corriendo corriendo me fui a una nueva clase de Yoga. Por alguna razón (estoy empezando a creer que todo ocurre por alguna razón - aunque el escepticismo es parte fundamental de mis creencias-), hoy la profesora, antes de comenzar con los ejercicios, nos hizo la siguiente confesión: "Siento una gran curiosidad por saber que les trae a las clases de Yoga". Pronunciadas las palabras, se hizo el silencio. Durante unos segundos  nadie se atrevió a hablar. Mire las caras de mis companieras y todas tenían dibujada en ellas, una incipiente sonrisa que implícitamente indicaba "comienza tu y yo te sigo". Por suerte, la señora que tenia a mi derecha logro sacar voz del cuerpo y dijo :
- Yo tomo esta clase porque me esta ayudando a superar algunos problemas  musculares.
Esas palabras han tenido el mismo efecto que el disparo de salida en una carrera de atletismo y como atletas profesionales de la comunicacion, todas han comenzado a exponer sus motivos, "yo vengo porque escribo una novela y el Yoga me ayuda a encontrar ideas", " yo estoy aquí porque es un regalo que me hago cada día al estar una hora y media conmigo, solo conmigo", "yo, porque si no hago ejercicio me siento hierro oxidado", " a mi me gusta porque me conecto con mi cuerpo", así han ido floreciendo razones hasta que finalmente me toco el turno y, no sabia muy bien que decir.
Inhalé, exhalé y me dejé llevar: " vengo porque estudio psicología y creo que la mayoría de los conflictos que llevan a las personas a consulta es la desconexion que existe con su yo interior, con sus emociones. Vivimos conectados a internet, al móvil, a la television, a relaciones dañinas, a drogas... y en algún momento nos terminamos perdiendo, creo que el Yoga es una buena herramienta para volver a escucharnos, además, me encanta aprender cosas nuevas, y ..." , me he dado cuenta de que era el momento de callarme porque yo podría seguir y seguir con mi monologo durante mucho mas tiempo y no es porque me guste escuchar mi propia voz,  de verdad, sino porque me venían muchas razones a la mente (ahora no vienen al caso).
La profesora después de escuchar pacientemente con una sonrisa plena en la cara, nos ha dicho con una dulce voz cargada de paz:
- Yo practico Yoga porque soy psicóloga, porque me gusta escribir y lo hago frecuentemente, porque mi cuerpo lo necesita, porque me conecto conmigo misma y me gusta escuchar, me relaja y me regala paz. Como veis - ha continuado-,  todos nos parecemos mas de lo que pensamos. Ahora comencemos, centren su pensamiento en el propósito que hoy quieran cumplir e inhalen....


Y entonces, siguiendo sus instrucciones, se han agolpado varios pensamiento en mi mente: " a ti también te gusta escribir, hace algún tiempo lo hacías y casi que funcionaba a modo de terapia, estas aprendiendo cosas bastante interesantes que tal vez puedas compartir con tus amigos, quiza alguna frase que escuchas o lees y que te pueda ayudar en algún momento pueda también echar un cable a alguien, un articulo interesante, una canción conmovedora, un libro sorprendente, una experiencia enriquecedora,  etc,  ! A que estas esperando !  ! cuentalo todo !"


Y bueno, aqui estoy, segura de que encontraré muchas cosas que ofrecer a lo largo del camino que aún no se donde me lleva ;), muchas emociones y pensamientos que merezcan la pena ser compartidos.  Escribirlos nace de una necesidad interior y vocacional, por algo quiero ser psicóloga y creo en la magia de las palabras...  :)).
Así pues, esta mañana, sentada en mi  trascendental alfombra, haciendo consciente mi respiración,  decidí que el propósito de mi día, hoy, era acercarme a vosotros desde este rinconcito que me ofrece la tecnología (que me da mas libertad de palabra que el facebook, dicho sea de paso), para de vez en cuando, contaros alguna historia real o inventada, pero siempre después de contar hasta diez.


"No importa llegar a ser, hay que disfrutar siendo."